Conversaciones sobre la Virgen de Don Bosco

Por el Diácono Marcelo Miguel Escalante, Inspectoría de Bolivia

 

PRESENTACIÓNDesde hace ya más de dos años nos encontramos en preparación para un gran acontecimiento de la Familia Salesiana y de la Iglesia en general: La celebración del bicentenario del nacimiento de Don Bosco. Ésta, como nos los han pedido nuestros Superiores, es una bella oportunidad para profundizar en el conocimiento de Don Bosco y así reforzar nuestra identidad salesiana. Pero ciertamente nuestro objetivo no es sólo académico, sino netamente pastoral. En otras palabras, queremos conocer mejor a Don Bosco para que nuestro trabajo de Evangelización y promoción de la juventud menos favorecida se vea fortalecido, reanimado e incentivado.

 

Para el año 2014, el P. Pascual Chávez nos ha invitado a profundizar en la espiritualidad de Don Bosco. Asunto ciertamente apasionante. Mucho se ha escrito al respecto, este estudio recibió una nueva inspiración con las luces del Concilio Vaticano II. Sin embargo, todavía se encuentra presente una cierta tendencia “simplista” también en este campo. Creemos que la espiritualidad salesiana va mucho allá de unas cuantas frases bien conocidas, atrayentes y útiles en todo momento. No en vano se han llenado bibliotecas con estudios sobre la espiritualidad de Don Bosco, y cada día nos sorprenden nuevas perspectivas. Esto es algo muy bueno, ya que es una muestra de que la espiritualidad salesiana llama la atención, se encuentra viva, es atrayente. Hay un deseo, dentro y fuera del ámbito salesiano -incluso por no cristianos, e incluso no creyentes (!)- por conocer más sobre el universo interior que movió a Don Bosco a llevar adelante su titánica obra. La espiritualidad salesiana es actual y llama la atención de propios y extraños.

  

Pero sin lugar a dudas, los más interesados en conocerla, profundizarla y vivirla somos nosotros, los que de una u otra manera participamos del carisma salesiano. Junto con la pedagogía, la espiritualidad salesiana es para nosotros carta de identidad, “pasaporte”, entre los demás grupos de la Iglesia. Pero más aún, nos interesa conocer más nuestra espiritualidad porque creemos firmemente que por medio de ésta realizamos nuestro camino de seguimiento de Jesús y por tanto nuestra salvación. De allí que se hayan dado tantos esfuerzos por presentarla a todos los miembros de la Familia Salesiana y por hacer que haya un compromiso colectivo por conocerla y vivirla.

 

¿Cuáles son las características fundamentales de la espiritualidad salesiana? Muchos han tratado de responder esta pregunta y no siempre han coincidido en sus pareceres. Sin embargo, no cabe duda de que la podemos clasificar dentro de las de: “contemplativos en la acción”, como los hay muchas en la Iglesia. Pero más allá, la espiritualidad salesiana se caracteriza también por ser vivida en un esfuerzo de Evangelización de la juventud por medio de la educación. Y en este sentido, el Sistema Preventivo de Don Bosco, es el medio por el cual llegamos a alcanzar esta meta. Dentro del campo salesiano, la espiritualidad y la pedagogía van tan de la mano como la oración y la acción, no se puede hablar de una sin aludir a la otra.

 

Pero una de las características más sobresalientes de nuestra espiritualidad es la devoción a María, especialmente a María Auxiliadora. Ahora bien, esta devoción no ha sido bien entendida siempre. Muchas veces se la ha reducido a algunas cuantas prácticas externas, ciertamente admirables, pero no necesariamente salesianas. Don Bosco fue llamado el “santo de la acción”, por lo tanto los que siguen su espiritualidad no deben dejar de lado esta característica fundamental de su vida. También la devoción mariana, por tanto, debe llevarnos a la acción. ¿Qué acción? Don Bosco habló de “buenos cristianos y honestos ciudadanos”, tal vez hoy esta fórmula pueda traducirse en ser discípulos-misioneros del Señor. Ésta es una tarea a la que todos estamos llamados en dos momentos: ser (nosotros mismos) y hacer (a otros). Es decir, que nuestra experiencia de fe no debe quedarse en nosotros, todo lo contrario, será auténtica en la medida en la que la compartamos y cumplamos el mandato del Señor de ir y llevar la buena nueva del Evangelio a todo el mundo. Nuestra devoción a María Auxiliadora debe llevarnos a alcanzar esta meta. De allí, pues, que sea tan importante que tengamos formación mariológica.

  

Éste es, pues, el principal objetivo de estas conversaciones. Las mismas bien pueden ser vistas como un cuadernillo de formación. La proximidad de la celebración de la fiesta de María Auxiliadora, en el año del estudio de la espiritualidad de San Juan Bosco, parece ser la “excusa” perfecta para realizarla. 

 

METODOLOGÍA: Este material ha sido pensado para la formación de comunidades educativo-pastorales. Sería recomendable hacer algunas “jornadas de formación” en preparación a la fiesta de María Auxiliadora. No se ha pensado en un “esquema para el encuentro”. Las conversaciones pueden ser leídas de modo individual o grupal, e incluso ser presentadas por alguien a la asamblea… todo dependerá del ritmo de cada comunidad. Pero lo que sí considero de suma importancia es el poder compartir –en grupos reducidos- sobre laconversacióntratada. Por ello he planteado algunas preguntas al final de cada una, pero éstas son sólo sugerencias, bien podrían utilizarse otras. Me permito también sugerir que al fin de las “jornadas formativas” se realice algún breve documento sobre el resultado de las mismas, en la que los “compromisos a realizar” tengan un lugar fundamental. 

 

UNA PALABRA FINAL: Don Bosco fue un hombre de pocas palabras y de muchas acciones, faltando a su ejemplo, me permito dar una última palabra antes de comenzar el trabajo. Me queda presentar mi sentido agradecimiento a los que de una u otra manera me han colaborado en la realización de este humilde esfuerzo. De manera especial, en esta ocasión quiero hacer manifiesto mi profundo agradecimiento al P. Cristóbal López, ahora ex – Inspector de los Salesianos en Bolivia, quien desde los inicios de su servicio, me ha brindado su gentil apoyo en distintos modos. A él va dedicado este trabajo. Espero que este esfuerzo pueda ser de utilidad a quienes hemos aceptado la invitación a compartir la pasión de Don Bosco por la salvación de la juventud. Nuestra Inmaculada Virgen Auxiliadora, mira con agrado cualquier esfuerzo que hagamos en favor de sus hijos más pequeños y menos favorecidos. Ella será quien en el modo y momento adecuado premiará también nuestras fatigas. 

 

1. MARÍA EN NUESTRA FE CRISTIANA

 

Un elemento que distingue claramente nuestra fe católica de otras denominaciones cristianas es la devoción Mariana. Basta ingresar a cualquier templo, e incluso a cualquier hogar católico, para encontrar alguna imagen de la Santa Madre de Dios. Como cristianos, es decir como seguidores de Jesús, mantenemos un cariño especial hacia la Madre de nuestro Señor, que la creemos como nuestra. Como católicos no sólo amamos tiernamente a nuestra Madre celestial, sino que además creemos firmemente que ella es parte muy importante de nuestra fe cristiana.

 

Lamentablemente no todos han entendido bien nuestra devoción a la Virgen. Sin lugar a dudas, cada vez que tengamos alguna “conversación” sobre nuestra fe con algún hermano separado (protestante, o como comúnmente les llamamos “cristianos”), podemos estar seguros de que en algún momento saldrá el tema de nuestra relación con María. Y aunque creemos que ellos pecan por ignorancia, también debemos reconocer humildemente que nuestra devoción mariana no siempre es bien realizada. En pocas palabras, si es que hay otros que critican tan fuertemente nuestra devoción mariana, es porque nosotros mismos muchas veces no la entendemos y por tanto no la vivimos del modo correcto. En nuestro afán por mostrar nuestro amor a María, la Virgen Madre de Dios, algunas veces caemos en una especie de fanatismo que nos lleva a centrarnos tanto en ella que olvidamos a Jesús, o creemos que la vida cristiana consiste en hacer actos externos (procesiones, novenas, rosarios…), que no son malos, pero que mal entendidos no nos llevan a ser auténticamente cristianos. Es necesario que día a día crezcamos en nuestra fe, la purifiquemos para hacerla más agradable a Dios y más útil para nosotros y para los demás.

  

¿Cómo pues debemos entender nuestra devoción a María? Es importante que partamos de un principio importante e irrenunciable. Al centro de nuestra fe se encuentra Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. En este sentido, nuestra fe es ante todo trinitaria. El lugar más importante de todas nuestras prácticas devocionales lo debe tener Dios, María estará siempre uno –o varios- peldaños más abajo que Dios. Pero más en concreto, nuestra fe puede entenderse como seguimiento de Jesús. Él es el Maestro que nos llama a cada uno de nosotros a seguirle, que quiere decir pasar tiempo con él para compartir su vida y luego ser mensajeros de su mensaje. Por esta razón, la devoción a los santos, las imágenes, las medallas; expresiones de fe tales como novenas, triduos, peregrinaciones, etc. Son buenas y útiles en la medida en la que nos ayudan a mejor conocer, amar y servir a Dios; en otras palabras, en la medida en la que nos hacen mejores seguidores del Señor. Nuestra vida de fe cristiana, tiene sentido si la vivimos como esfuerzo para ser discípulos-misioneros del Señor.

 

¿Entonces, para qué sirve la devoción a los santos? En nuestra fe católica la devoción a los santos no es algo accesorio, no es un añadido o un adorno. Todo lo contrario, es algo de mucha importancia, por dos razones: su poder de intercesión y la ejemplaridad de su vida. Sobre su poder de intercesión se ha dicho ya mucho, por eso quisiera ahora llamar la atención sobre el otro punto. La vida de los santos es para nosotros, estímulo y ejemplo en el seguimiento del Señor. Y es que los santos son para nosotros modelos terminados de seguimiento, y lo que es mejor, son modelos cercanos a nosotros. Dentro de nuestra Familia Salesiana, pensemos por ejemplo en Domingo Savio o Laura Vicuña, dos adolescentes del común del pueblo, podrían ser hijos de cualquier vecino nuestro, en lugares y tiempos distintos llegaron a ser modelo de vida cristiana. Los santos son pues gente de carne y hueso como nosotros, con virtudes y defectos, con sueños y temores, con victorias y con derrotas. Conociendo su vida podemos bien preguntarnos: Si él/ella pudo… ¿Yo por qué no?

 

Vayamos un poco más en profundidad. Sin importar la edad, o la región de la que vengan, hay algunas cosas que son comunes a todos los santos. Entre otras, que son gente llena de pasión por seguir al Señor, hasta el punto de no medir consecuencias. Pero, es al mismo tiempo curioso y ejemplarizador que ellos se inspiraron en otros santos. Leyendo la vida de nuestros santitos, vemos por ejemplo que Laura Vicuña se inspiró en Domingo Savio, y éste en Don Bosco, y éste en San Francisco de Sales y éste en Carlos Borromeo... ¡Qué importante es para nuestra fe el ejemplo! El que recibimos y el que damos... Todos los santos se inspiraron en otros cristianos que vivieron con radicalidad su fe. Pero si seguimos esta cadena, ejemplo tras ejemplo, sin lugar a dudas llegaremos hasta María, la Madre de Dios. A lo largo de toda la historia de la Iglesia, María ha sido para todos los cristianos el modelo más perfecto de vida cristiana, ella es el mejor modelo de seguimiento del Señor.

 

De allí que ella ocupe un primer lugar en nuestra vida de fe. Ella fue la primera y más grande discípula del Señor Jesús. Desde aquél “Hágase en mí según tu palabra” (Lc.,1, 38) dado al Ángel Gabriel cuando le anunció que Dios quería hacerle Madre de su Hijo, María sin comprender bien el plan que se le presentaba hizo un ejemplar acto de fe y se puso toda a disposición de la voluntad de Dios. Y si bien pocas palabras suyas han quedado escritas en la Biblia, María nos habla y enseña desde su silencio, pues podemos estar seguros de que estuvo junto a Jesús en los momentos más importantes de su vida. Por eso ella tiene un papel importantísimo en la vida de la Iglesia. De ella aprendemos a ser cristianos, aprendemos qué significa ser discípulo-misionero, seguidor del Señor. Esto lo supo la comunidad de los creyentes desde sus comienzos, prácticamente desde los mismos apóstoles, por eso ella tuvo siempre un lugar especial entre ellos. Jesús nos ama tanto que nos dio a su propia Madre, como intercesora, pero también como ejemplo que nos enseña cómo ser cristianos. Ella es nuestra Madre y Maestra.

 

Nos da gusto pensar que “Jesús fue en todo humano como nosotros, menos en el pecado” (Hb., 4, 15). Por tanto, al igual que nosotros, Él también necesitó aprender todo, incluso lo que se refería a la religión (¡El Hijo de Dios!). Quién sino su Madre fue la que le guió, acompañó y enseñó todo lo que un niño aprende a esa edad. Se ha dicho con acierto que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, Jesús no rompe la regla. Junto a Él se encuentra su Madre, de quien ciertamente aprendió sus primeras oraciones y aprendió también a entrar en relación con Dios, aprendió a dirigirse a él como a un Padre. Si sus primeros treinta años son para nosotros un misterio, podemos tener la seguridad de que de una u otra manera se mantuvo en relación con su Madre. Jesús sabe muy bien esto, por eso –intencionalmente- nos la quiere dejar, para que Ella sea también para nosotros, como fue para él, Madre y Maestra.

  

Comenzamos esta nuestra primera reflexión llamando la atención sobre estos puntos fundamentales, en resumen: 1) La devoción mariana –y de los santos en general- tiene sentido en la medida en la que nos hace ser mejores discípulos-misioneros del Señor, esto es entrar en el camino de seguimiento de Jesús; 2) La devoción a María no es algo accesorio de nuestra fe cristiana, por el contrario es un elemento muy importante. A manera de conclusión de esta primera reflexión les invito a responder a las siguientes preguntas:

 

·¿En qué medida afecta, o debe afectar, mi vida de creyente la devoción a María? Señalar elementos concretos.

·¿Cuáles son los síntomas de una devoción mariana mal entendida? ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Cómo se pueden solucionar?

·¿Qué experiencias de mi devoción a María me han ayudado a ser mejor discípulo del Señor? ¿Cómo en concreto?

 

2. ELEMENTOS DE UNA AUTÉNTICA DEVOCIÓN A MARÍA

           

Nuestra segunda reflexión nos lleva a aterrizar dentro del terreno de lo concreto. En la primera reflexión hemos dicho que María es parte importante de nuestra fe cristiana, porque siendo Ella la primera y más grande discípula del Señor, es para nosotros Madre y Maestra de seguimiento de Jesús. Ahora nuestra reflexión se centrará en la pregunta: ¿Cómo saber si mi devoción a María la Madre de Dios es o no auténtica?

 

Al realizar esta reflexión es importante que digamos algo que puede sonar un tanto duro, pero que es cierto. Es posible ir a Misa todos los domingos, confesarse mensualmente, realizar algunas obras de caridad… y no ser auténticamente cristiano. En otras palabras, la vida cristiana no se reduce a la práctica externa de algunas tradiciones, sino que es ante todo relación de amistad cercana con la persona de Jesús, el Hijo de Dios. Y algo similar podríamos decir de la devoción a la Madre de Dios. Es posible rezar rosarios todos los días, invocarla a diario, llevar medallas en el cuello y estampitas suyas en la bolsa… y no ser verdaderos devotos suyos. ¿Cómo es esto posible?

           

Todas las “prácticas piadosas” sanas y auténticas nos ayudan a tomar conciencia de la presencia de Dios. Este es el criterio que nos ayuda a discernir hasta qué punto nuestras prácticas piadosas son útiles. Ciertamente María, la Virgen Madre de Dios, es en manera insuperable útil a nuestra fe, pero debemos purificar algunas de nuestras expresiones de fe para que nuestra vida cristiana se vea enriquecida. Con lo anterior no quiero decir que los rosarios, las medallas, o las estampitas de nuestra Madre son innecesarias, nada de eso (yo mismo llevo muchas de ellas con cariño). Pero lo que si pretendo dejar claro es que nuestra fe no depende de éstas. Más aún, por ejemplo, el auténtico sentido de las imágenes de los santos y de las medallas es el de recordarnos nuestra misión de cristianos, mostrarnos que el camino de seguimiento del Señor es posible de realizar e incentivarnos además a no perder tiempo y comprometernos con pasión en nuestra vida de fe. Las expresiones populares de fe bien encaminadas son pues bellas, útiles y recomendables.

  

Pero aún queda la pregunta ¿Y cómo saber si mi práctica de devoción mariana es auténtica? Para responder a esa pregunta nos inspiramos en San Juan Bosco. Se ha dicho con acierto que los tres amores de Don Bosco son: Jesús presente en la Eucaristía, María Inmaculada-Auxiliadora y el Papa. Estos son pues los tres criterios salesianos que nos ayudan a entender, purificar y fortalecer nuestra fe mariana.

 

-Jesús Eucaristía. La relación Eucaristía-María es directa e inquebrantable. Mi devoción mariana se encuentra bien encaminada si me incentiva a participar de la Eucaristía y de la Reconciliación (Confesión). Hay que estar muy atentos cuando, por ejemplo, prefiero rezar un rosario en casa que ir a Misa… Ahora bien, María que pasó tanto tiempo con Jesús, nos enseña que no basta con “cumplir con ir a Misa”, sino que es necesario vivir la celebración, hacer de la Eucaristía un momento de encuentro con el Señor.

 

María Inmaculada Virgen Auxiliadora. Imitar sus virtudes. Don Bosco nos enseñó a venerar a María bajo estos dos títulos: Inmaculada y Auxiliadora. Pero esto no es una moda, sino un compromiso. Venerarla bajo estos dos títulos nos compromete a imitar las virtudes que éstos traen. En las siguientes conversaciones profundizaremos al respecto.

 

-Amor al Papa y a la Iglesia. La Iglesia es el reflejo de la Eucaristía. Por tanto, nuestra devoción mariana, siendo auténtica, nos lleva a tener un amor especial a la Iglesia y a los Pastores. Pero cuando hablamos de “Iglesia”, ciertamente nos referimos a la Iglesia Universal, pero del mismo modo  –o inclusive más aún- nos referimos a la comunidad a la que pertenezco. Mi parroquia, mi capilla, el lugar donde trabajo (!), mi familia (!) son lugares donde se es Iglesia. Por tanto, una devoción mariana auténtica debe llevarme a quererla, cuidarla, respetarla, contribuir a su fortalecimiento y crecimiento. En una palabra, a ser constructor de comunidad.

 

En este encuentro hemos querido poner la atención sobre los criterios que nos ayudan a discernir si nuestra fe mariana es auténtica y en qué medida. Para no caer en ambigüedades, la hemos presentado con indicadores concretos. Ciertamente, cuando reflexionemos sobre la fe mariana podremos encontrar deficiencias o incoherencias. ¡Esa es la idea de estas conversaciones! Esperemos que reconociendo nuestros errores podamos mejorarlos y así contemplemos la sonrisa de nuestra Madre Celestial que gozosa nos verá en el camino de ser auténticos discípulos-misioneros de Jesús.

  

Nuestra reflexión grupal puede ser guiada por las siguientes preguntas:

 

· ¿Cuáles son los errores de devoción más comunes en nuestra gente? ¿Por qué se dan estas desviaciones? ¿Cuáles las consecuencias? 

· ¿Qué he aprendido en esta conversación? ¿Qué voy a cambiar?

· ¿Qué sentido tendrá a partir de ahora, para mí, el rezo del rosario, las peregrinaciones, las medallas…?

  

Puede ser motivo de confusión que se conozca a María con tantos nombres: Guadalupe, Merced, Estrella, Camino, Lourdes, Fátima, Copabana, Chiquinquirá, Perpetuo Socorro, Dolorosa, Auxiliadora… Pero lo que no debe darnos lugar a confusión es que es a la misma y única Virgen María, la Madre de Dios, a quien todos estos títulos hacen referencia. ¿Por qué pues tantos nombres? En muchos casos se hace referencia al lugar de aparición u origen de la devoción (por ejemplo: Fátima). En otros casos se hace referencia a algún episodio de la vida de María (por ejemplo: La Dolorosa, que acompaña a su Hijo en la Cruz). En algunos otros casos, se quiere poner en evidencia alguna de sus cualidades (Por ejemplo, la Virgen del Perpetuo Socorro). Pero al fin y al cabo será siempre la devoción a la misma y única Virgen Madre de Dios.

 

Ahora bien ¿Son todas estas advocaciones iguales? Es decir ¿Es lo mismo venerar a la Virgen como Auxiliadora o como Virgen de Guadalupe…? La respuesta es sí y no al mismo tiempo. Sí, porque al fin y al cabo estaremos dando culto a la misma Madre Celestial y con ello pretendemos fortalecer nuestro camino de discipulado. Y No, porque las devociones no son sólo prácticas externas, sino que son y significan características visibles de los devotos. Así, los devotos de la Virgen Dolorosa quieren imitar su fortaleza en los momentos de dificultad, los devotos de la Guadalupana se caracterizan por su amor a la gente sencilla y excluida, etc. ¿Cuáles son entonces las características de nuestra devoción mariana bajo el carisma salesiano? La respuesta la encontramos en la vida de Don Bosco.

 

Comencemos pues diciendo que, si bien la devoción mariana que más caracteriza la espiritualidad salesiana es a María Auxiliadora, no es la única. En el muy famoso sueño de los 9 años, el personaje que habla con Juanito se identifica como  “el Hijo de aquélla a quien tu mamá te ha enseñado a saludar tres veces al día”. Nosotros tenemos la seguridad de que se trata de María, pero en esta ocasión no se presenta como “Auxiliadora”, sino como la Madre de Jesús. Por otro lado, siendo niño y joven, Juanito Bosco tenía un cariño muy especial hacia la María, pero no bajo el nombre de Auxiliadora, sino bajo otros en el que claramente domina el de la Inmaculada Concepción. Esta su devoción a la Inmaculada se fortaleció en su formación como seminarista y se consolidó con la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción (1874). En síntesis, antes de que la Auxiliadora dominara la devoción mariana de Don Bosco, otras advocaciones le eran familiares y queridas. Pero desde la construcción e inauguración de la Basílica de María Auxiliadora en Turín (1868), María Auxiliadora se convierte en la Virgen de Don Bosco. A partir de ese momento es ella quien domina la devoción mariana del santo. Ella es parte importantísima del patrimonio espiritual que Don Bosco nos dejó. En este sentido llama mucho la atención que él haya llegado a esta devoción después de haber pasado por otras.

           

Entonces, las devociones marianas más significativas de la vida de Don Bosco, son pues a la Inmaculada Concepción y a María Auxiliadora. Pero como ya dijimos, éstos no son sólo “títulos honoríficos” a la Madre de Dios, sino que son virtudes propias de su persona que se convierten en características de sus devotos. Por tanto para que nuestra espiritualidad salesiana sea vivida de un modo auténtico necesitamos conocer un poco de la razón de éstos títulos y esforzarnos por imitar las virtudes marianas que reflejan.

 

Inmaculada Concepción de María. Es un dogma mariológico de fe (lo que quiere decir que la Iglesia afirma con toda su autoridad que es verdad). Por medio de éste la Iglesia reconoce que María fue concebida sin pecado original. Desde el momento mismo de su nacimiento Dios la liberó de todo pecado, así ella se conservó pura de toda culpa (=Inmaculada) para poder ser la Madre de Jesús.

  

El Papa Pio IX, gran amigo de Don Bosco, definió este dogma en 1854, cuando el Oratorio se encontraba en su etapa heroica. Entre los muchachitos de Don Bosco este hecho despertó gran entusiasmo y alegría. Un grupo de ellos, entre los que se encontraba Domingo Savio, decidió formar una compañía (=grupo juvenil) en honor de la Inmaculada Concepción. Los encargados de esta compañía se reservaron el “derecho de admisión”, es decir que a éste no entraba cualquiera, sino sólo aquéllos que demostraban que su conducta era ejemplar. Ellos tenían un reglamento que bien se puede resumir en dos puntos fundamentales: 1) Declarar enemistad a cualquier tipo de pecado, especialmente a los que atentan contra la pureza; y 2) Hacer apostolado (evangelización!) entre sus compañeros para que ellos también eviten el pecado. Aquí tenemos dos de las cualidades fundamentales de los devotos de la Inmaculada.

 

-María Auxiliadora. Es muy peculiar que Don Bosco no haya llegado a este título por alguna “revelación” divina. En el famoso sueño de las dos columnas, la que sostiene la imagen de la Inmaculada Concepción tiene el título de Auxiliadora de los Cristianos, pero eso es todo. Por el contrario, todo parece indicar que es el fruto de lo que él veía que ocurría a su alrededor y un poco más allá. ¿Cómo pues llegó a ésta? Don Bosco no se inventó el título, ya se había llamado a María “Auxiliadora” cuando la Iglesia salió victoriosa en la Batalla de Lepanto (s. XVI) y también a una en Espoleto (pueblo cercano de Turín en el año 1862). Pero más que éstas, hubieron otras razones que llevaron a Don Bosco a decidir honrar a María bajo este título. Las más significativas son: El clima de amenaza política en el que se encontraba la Iglesia por parte del Estado y la situación de emergencia en la que se encontraba la juventud, la cual no tenía ni pan, ni educación, ni hogar. En otras palabras, la situación era tan difícil que hubo que pedir ¡Auxilio!, pues se veía amenazada la fe y la misma vida.

 

La confianza de Don Bosco reposó pues en el Auxilio que viene desde el cielo como regalo de Dios. Pero debemos entendamos bien esta confianza. El grito de ¡Auxilio! De Don Bosco, hecho oración, iba acompañado de todo su esfuerzo por hacer que la situación cambie. Él no se quedó encerrado en una capilla rezando esperando un milagro, que bien sabía no ocurriría de la nada. Por el contrario su llamada de Auxilio fue al mismo tiempo compromiso de trabajo infatigable, dando todo de sí hasta quedar sin fuerzas y entonces, sólo entonces, confiar el resto al Auxilio divino. Nunca quedó defraudado.  Por lo tanto, nuestra devoción a María Auxiliadora debe caracterizarse por: 1) Una confianza ilimitada en la Providencia Divina; y 2) Un trabajo infatigable.

 

Como participes del Carisma Salesiano, toda nuestra espiritualidad gira en torno a dos puntos fundamentales: la educación-evangelización de los jóvenes, especialmente de los más necesitados. ¡También nuestra espiritualidad (devoción) mariana! Es decir que para que tengamos el sello “salesiano” nuestra devoción nunca puede dejar de lado estos aspectos tan significativos de nuestro carisma.

  

Hemos tocado las venas vitales de la devoción mariana en el carisma salesiano. En síntesis podemos afirmar que la devoción a la Inmaculada, resalta las virtudes internas (con uno mismo), y la devoción a la Auxiliadora, las virtudes externas (en relación con los demás) de nuestra vida cristiana. Para nosotros salesianos, la devoción a María es a la Inmaculada Virgen Auxiliadora. Podríamos profundizar mucho al respecto, pues el tema da para largo. Pero con lo dicho se tiene ya suficiente material para la discusión. Esperamos que las siguientes preguntas puedan servir para el compartir:

 

¿Cómo entendías antes la devoción a María Auxiliadora?

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de nuestro encuentro del día de hoy?

¿Estás dispuesto a asumir los compromisos de la devoción a María Inmaculada y Auxiliadora? ¿Cómo pondrás en práctica una auténtica devoción mariana?

-¿Cómo ayudamos a nuestra comunidad a vivir esta devoción?

 

 4. SER DEVOTO DE LA VIRGEN DE DON BOSCO

  

Generalmente, cuando se habla de espiritualidad se cree que ésta se refiere sólo al ámbito interno. Esto es un error. La verdadera espiritualidad abarca toda la persona, por lo que afecta la vida interior, pero también las relaciones con los demás y con el medio ambiente. Del mismo modo, la devoción mariana no puede sino ser vivida desde lo interior, pero proyectándose siempre hacia lo exterior. ¿Cómo se aplica esto a la devoción a la Inmaculada Virgen Auxiliadora, la Virgen de Don Bosco? Para poder respondernos debemos acercarnos a la vida del Padre y Maestro de la Juventud.

 

Don Bosco ha pasado a la historia como uno de los educadores más grandes de la historia. Si bien no ha sido un teórico de la educación, ha puesto en práctica un sistema educativo que ha causado admiración. El objetivo que Don Bosco buscaba alcanzar era el de formar buenos cristianos y honestos ciudadanos. El medio para lograrlo fue el de la evangelización-educación de la juventud. Y el estilo que caracterizó toda su obra fue el prevenir. Objetivo, medio y estilo forman pues el horizonte dentro del cual entendemos toda la obra salesiana y por tanto la espiritualidad. En otras palabras, la devoción mariana de Don Bosco se vivía en la capilla, pero sobre todo en su trabajo por la Evangelización de la juventud.

  

-Objetivo: Formar buenos cristianos y honestos ciudadanos. Hoy en día se habla de educación integral, pero el concepto es el mismo. Ahora bien, dentro de la educación salesiana esta educación integral abarca el componente religioso (trascendental) considerándolo fundamental. Es más, la relación buen cristiano-honesto ciudadano es directa e inquebrantable. No se puede ser un buen cristiano si no se es un buen ciudadano. Este objetivo refleja el deseo que Dios tiene por nuestra salvación integral. Precisamente entendemos la devoción a María Auxiliadora, como la muestra de que Dios se preocupa por nosotros, por ellos nos da una Auxiliadora. De este modo el auxilio que nos viene de parte de ella se realiza en la eternidad, ciertamente, pero también en el momento presente. La salvación que quiere Dios para nosotros comienza aquí y ahora.

 

Medio: Evangelización-educación de la juventud, especialmente la más necesitada. Don Bosco tenía muy claro que la salvación de la juventud se realiza por medio de la educación. La ignorancia, la falta de educación, podemos inferir, es una especie de condenación. La relación educación-evangelización es, en el carisma salesiano, inquebrantable. En la casa de Don Bosco, la una lleva a la otra inevitablemente. La evangelización, por tanto, no es sólo tener conocimiento de la Biblia, o del Evangelio, sino sobre todo hacer que su mensaje de vida se realice de modo efectivo. Donde hay ignorancia, discriminación, explotación, violación, injusticia, odio… se atenta contra la vida, el mensaje de Cristo todavía no ha llegado, por tanto se necesita de evangelización. La devoción a María Auxiliadora nos lleva pues a empeñarnos en la auténtica evangelización de la juventud. Ésta se puede entender como prestar atención, con hechos concretos, al grito de ¡Auxilio! que miles jóvenes realizan a diario.

 

-Estilo: Prevenir. Por prevenir, dentro de la perspectiva salesiana, entendemos poner en la imposibilidad de cometer faltar mediante propuestas educativas atrayentes. El Sistema Preventivo de Don Bosco no es pues sólo evitar que se cometa el mal, sino que es promover el bien. Para ello, Don Bosco quiere que todas sus obras sean como familias que se sostengan en los pilares: Razón, Religión y Cariño Más que poner en práctica “recetas mágicas” el prevenir es una actitud que lleva al educador a poner en el primer lugar de sus intereses la evangelización-educación de la juventud. Por ello, las propuestas que realiza parten de la pregunta ¿qué es lo que les gusta hacer a los jóvenes? Y encuentra el modo de realizar esos gustos desde un punto educativo. Pero más aún, el punto determinante es la presencia del educador en medio de los jóvenes, una presencia que es la de un hermano, que toma parte de las diversiones, sin dejar de ser educador. En medio de este ambiente, la amabilidad se vive como cercanía, comprensión, apoyo y amistad (afectiva y efectiva).

 

¿De dónde aprendió Don Bosco este estilo? En gran parte de su madre, Mamá Margarita, pero también de su propia experiencia como educador. Pero su estilo educativo es inspirado por María, la madre de Dios. Ya en el primer sueño tenido a la edad de 9 años, pero también a lo largo de toda su vida, Don Bosco experimentó la presencia de María como preventiva, presencia de amor maternal que cuida y quiere el bien de sus hijos.

 

Ser devoto de la Virgen de Don Bosco implica pues compartir con él su pasión por la salvación de la juventud. Esto significa comprometerse con la labor de evangelización de la juventud, especialmente la menos favorecida. Realizarlo bajo el estilo salesiano, es decir poniendo en práctica el Sistema Preventivo. Esta es nuestra espiritualidad, pues creemos que nuestro trabajo no es sólo promoción humana, sino salvación. Nuestro esfuerzo no quiere formar sólo “profesionales competentes”, sino personas conscientes de su dignidad de Hijos de Dios, cristianos comprometidos con el Reino de Dios. En el trabajo por la salvación de la juventud, obtenemos nuestra propia salvación.

  

¿Qué aspectos me causan dificultad para vivir la espiritualidad salesiana como trabajo de salvación  de la juventud?

-¿Qué es lo que, aquí y ahora, busca y obtiene un educador, o simpatizante del carisma salesiano, cuando pone en práctica esta espiritualidad?

¿Cómo estoy dispuesto a vivir esta espiritualidad?

 

 

5. APÓSTOLES "CON" Y "DE" MARÍA AUXILIADORA: 

 

 Llegamos a nuestra última reflexión en la que pretendemos profundizar sobre otro aspecto concreto de la devoción a María Auxiliadora, el compromiso con el apostolado. En los últimos tiempos la reflexión mariológica se ha preocupado por entender cada vez más el papel de María en la historia de la salvación. Pero lo que, sin lugar a dudas ha dado un giro significativo es el aspecto práctico de la devoción. De lo anterior se sabe que los efectos de la devoción mariana se hacen presentes no sólo “en la hora de nuestra muerte”, o en “la hora del juicio”… sino que repercuten directamente en nuestra vida hoy.

 

Pero más aún, hoy tenemos claro que si bien la devoción mariana trae amplios beneficios personales (individuales), bien entendida y realizada tiene un influjo comunitario amplio. Bien vivida, la devoción mariana nos hace auténticos discípulos-misioneros del Señor. Es decir, nos trae paz interior, nos ayuda a ver la vida desde una perspectiva distinta, nos imprime esperanza ante cualquier adversidad y fortaleza para afrontar las contrariedades. Pero más aún, nos compromete a ser parte activa en la misión evangelizadora de la Iglesia, que necesariamente implica la promoción humana de los menos favorecidos. Sin la satisfacción de las necesidades básicas de supervivencia, sin una sociedad en la que se respete la justicia, el derecho, la igualdad y la paz; difícilmente el Reino de Dios se hará presente. Una verdadera devoción mariana se preocupa y no mide esfuerzos para hacer que la misión salvadora de Jesús se realice en el hoy de nuestra historia.

 

Como participes del carisma salesiano nuestro compromiso está ligado al trabajo de evangelización de la juventud, especialmente de la más necesitada. La devoción mariana, a la Inmaculada Virgen Auxiliadora, se inscribe y se realiza dentro de esfuerzo. Si es que hacemos algún tipo de devoción entre el apostolado en, entre y por la juventud y la devoción a la Virgen de Don Bosco, no somos fieles a la herencia espiritual que él nos dejó. Dentro del carisma salesiano el apostolado incluye la devoción a la Virgen y ésta incluye a aquél. Ahora bien, es cierto que no todos están en condiciones de trabajar con y en medio de los jóvenes, pero nadie puede excluirse de hacer algo por ellos. En este sentido, creo, debemos ser radicales y afirmar que rezar no es suficiente.

 

 De joven Don Bosco no desperdició oportunidad de estar con sus jóvenes. Cuando su obra creció y el tiempo se le acortó, buscó el modo de hacerse presente en medio de ellos mediante cartas. Cuando se encontraba enfermo y postrado en cama pedía que le dejaran confesar a algunos de sus muchachos. Y cuando ya no pudo confesar, cada vez que podía se dedicaba a exhortar a sus salesianos a no descuidar el trabajo con los jóvenes más pobres. Siguiendo, pues, el ejemplo de nuestro padre no podemos encontrar excusa alguna para no dedicar algún esfuerzo en favor de la evangelización-educación de la juventud. Que ni la edad, ni la falta de tiempo, ni lo variado de nuestra profesión, ni las malas experiencias… nos haga falsear nuestra espiritualidad. Todos, cada uno desde su situación de religioso, soltero, casado, joven, anciano… si participamos de la espiritualidad salesiana, debemos hacer algo por el bien de la juventud. Nuestra espiritualidad mariana nos recuerda y nos motiva a realizar con alegría esta tarea, que creemos nos viene encomendada desde el cielo.

 

Nuestro trabajo por la evangelización-educación de la juventud responde al grito de Auxilio que muchos jóvenes (¡El futuro de la sociedad!) dan día a día. Por ello nuestra respuesta no es abstracta, sino concreta. Mientras buscamos el pez y enseñamos a pescar, rezamos y enseñamos a rezar. ¡Nuestra espiritualidad es útil a la sociedad! De ningún modo es un analgésico anestesiante, todo lo contrario. La espiritualidad cristiana nos lleva a la auténtica libertad (dignidad de los hijos de Dios) y a reconocer y oponernos a todo lo que se opone a ella. Nuestra espiritualidad salva vidas, en el tiempo y en la eternidad.

  

Por eso nos hacemos apóstoles apasionados de la devoción mariana. Creemos en la bondad de nuestro esfuerzo y queremos compartirlo con otros. Necesitamos muchas manos. El trabajo es arduo, las dificultades muchas, el ambiente adverso… por eso necesitamos que muchos se comprometan con este proyecto. Cuando presentemos e invitemos a otros a participar de una devoción mariana invitémosles, antes que nada, a salvar jóvenes vidas que se encuentran en peligro, este es un trabajo y una devoción que se vive aquí y ahora.

 

Como nuestro Padre, Don Bosco, ¡Llevemos la devoción a María Auxiliadora a todo el mundo! (Berkeley, California, EE.UU., Mayo del 2014)

¡ Busca tu propia Galilea!

Por el Diácono Óscar Montero beneficiario de la Fundación Padre Jaime

 

Jesús, poco antes de morir, les hizo una promesa a sus discípulos: "Después de resucitar, me encontraré de nuevo con ustedes en Galilea" (Marcos 14, 28). ¿Por qué Galilea? ¿Por qué no en Jerusalén, la ciudad santa, donde tuvieron lugar los acontecimientos más importantes de su vida? ¿Acaso no está ahí el templo, el "sitio sagrado" por excelencia donde habita Dios? La cuestión es que, como dice el Evangelio de Juan, Jesús cumplió su palabra y se apareció otra vez a sus seguidores en el lago de Galilea, llamado Tiberíades (Juan 21, 1).

 

Para entender porqué una de las apariciones del Resucitado tiene lugar en dicha ciudad, es necesario saber que todo empezó allí. Dice Lucas: "Ustedes están enterados de lo que ha ocurrido en Judea, aunque la cosa comenzó en Galilea" (Hechos 10, 37). Galilea es la ciudad donde Jesús empezó ese loco proyecto llamado Reino de Dios. Sentado en las barcas predicaba su buena noticia a los humildes y sencillos pobladores –campesinos y pescadores, hombres y mujeres, pobres y ancianos, gente de mala y buena reputación-… En las orillas del mismo lago fijó su mirada en Pedro, Andrés, Santiago y Juan y los invitó a dejar sus redes y sus balsas, para convertirse en "pescadores de hombres", o sea, para pescar hombres vivos para el Dios vivo. En Galilea comenzó sus signos, curó enfermos, devolvió la esperanza a los marginados de la sociedad, miró sin juzgar a las prostitutas y cobradores de impuestos que todos odiaban. En Galilea, esa ciudad que apenas nombran los cronistas de la poderosa Roma, surgió alguien y algo que cambió la historia.

 

Sí, Jesús resucitado, por curioso que parezca, no eligió un "lugar sagrado" para decir: ¡Estoy vivo! No, eligió el lugar donde comenzó la vocación de sus primeros seguidores. Barcas, redes, pescados, mar, arena, madrugada, trabajo. A veces nos pasamos la vida buscando a Dios en los "lugares santos": y tal vez lo único que encontramos son vendedores de recuerdos religiosos, pero del Dios vivo y verdadero, ¡ni rastro!

 

Hoy, Jesús, nos dice que también debemos a ir a "nuestra propia Galilea" para encontrarlo. Nuestra Galilea es la vida de cada día, el lugar donde transcurre nuestra existencia diaria con sus gozos y esperanzas, con sus tristezas y angustias, con sus búsquedas y sacrificios, con sus fracasos y lágrimas: el trabajo, la familia, la escuela, la oficina, el taller, el mercado, la cocina, el escritorio, el comedor familiar, el taxi, tu deporte, tus amigos, la universidad. Nos podemos pasar la vida buscando al Viviente, pero entre los muertos. ¡Error! Jesús está vivo, y está vivo ahí donde menos me lo espero. Pedro y los otros lo vinieron a hallar, una vez más, en el lago donde desde niños aprendieron su profesión: pescar. Y se toparon con Él en un día gris: "aquella noche no cogieron nada" (Juan 21, 3).

 

Tal vez tú también sientes que hay días, esos días para el olvido, en que no  sale de nada, y todo te parece oscuro. ¡Abre los ojos! Tal vez escuches al menor de la casa, al que no cuenta en el trabajo, al menos experimentado, gritar: ¡Es el Señor! (Juan 21, 7). No dudes en lanzarte al agua, porque esta oportunidad de encontrar al Dios vivo, no se puede hacer esperar. Y por si acaso, cada domingo Él te prepara una mesa calurosa con abundante pan, el pan de la Misa, y está dispuesto a servirte y a devolverte la ilusión de vivir con Él en alegría. ¡Síguelo!


¿Quién es Don Bosco?

             Por el Diácono Marcelo Escalante Mendoza, SDB beneficiario de la Fundación                    Padre Jaime

 

Me han pedido que en menos de 10 minutos presente a Don Bosco, no es fácil resumir 19 volúmenes escritos sobre su vida en unos cuantos minutos, pero no puedo desaprovechar la oportunidad de hablar sobre mi Padre, sobre mi modelo, sobre nuestro Santo y Patrono.

¿Quién es Don Bosco?

 

PARA TI NIÑO, Juanito Bosco es un niño travieso que le encanta jugar, correr y saltar. Le gustan mucho los animalitos, juega con ellos, les amaestra y llora cuando mueren. Es un pequeño travieso que una vez rompió el frasco de aceite de su mamá, intentó borrar la mancha que lo delataba y al no poder hacerlo, decidió ir a cortar la rama de un árbol para hacer un látigo y recibir su castigo. Por su sinceridad, su mamá le perdonó. Es el niñito que desde sus 7 años ya ayudaba en los pequeños trabajos, de la casa.

 

PARA TI JOVEN, Juan Bosco es un muchacho que es el líder de los juegos, es un gran atleta a quien nadie puede superar en las carreras, es un muchacho entregado a su grupo de amigos. Es también un joven que sufre porque no tiene padre, sufre porque su hermanastro le pega y no le deja ir a la escuela, es el joven que tiene en su corazón el deseo de superarse, quiere estudiar pero las cosas no se le dan, es pobre y su hermanastro le pone muchas trabas. Es el joven que cuando por fin logra inscribirse en una escuela lo ponen con los más pequeños, pero sabe nivelarse a los de su edad en un par de años, para poder estudiar trabaja de sastre y de mozo en un restaurante… es un joven que nunca falta a la Misa.

 

PARA NOSOTROS SEMINARISTAS, el Seminarista Juan Bosco  es uno de los primeros de su clase, otro tenía mejores notas, pero pocos le podían igualar en virtud. Es el hermano que sacrificaba su desayuno para ir a comulgar, el que estaba dedicado a sus estudios y sumergido en una profunda vida de oración. Juan Bosco es el Seminarista que sabe cortar el cabello, zurcir la ropa, ayudar en los talleres y más que todo eso, sabe estar con el que flaquea. Es el Seminarista que sabe bien, lo lee en el letrero que está debajo del reloj central del Seminario, que las horas pasan lentas para los tristes, pero rápidas para los que están alegres. Es el que ya ordenado sacerdote dirá que el tiempo pasado en el Seminario fue uno de los más bellos de su vida.

 

PARA USTEDES HERMANOS SACERDOTES, Don Bosco fue el hombre que vivió en pleno su consagración, le decía al ministro que don Bosco es Sacerdote en el altar, Sacerdote en el confesionario, Sacerdote en medio a sus jóvenes y Sacerdote ante el ministro o cualquier otra persona. Don Bosco es el Sacerdote en quien Jesús Eucaristía, la Virgen María, la Iglesia y su apostolado en medio de los jóvenes le dan total sentido a su vida. Don Bosco es el Sacerdote que siempre tenía tiempo para escuchar y atender a los jóvenes, es el hombre de Dios que se pasaba horas y horas en el confesionario, hasta quedar algunas veces dormido. Es el apóstol de la Virgen y el celoso guardián de la pureza. Es, en resumen, un signo de Dios para los que le ven.

 

PARA USTEDES PADRES DE FAMILIA, Don Bosco es el educador que hasta su último aliento lo dio para que sus jóvenes fueran buenos cristianos y honestos ciudadanos, es el hombre que nunca dirigió un discurso, emprendió una obra o hizo cualquier cosa que no tuviera una intención educativa. Es el educador para quien la educación es Evangelización y la Evangelización es educación. Es además el hombre que  no dudó en dar hasta su último aliento a favor de sus pequeños. Es aquél que diría: “Mi mayor recompensa es que me llamen padre”.

 

Y PARA TODOS NOSOTROS, Don Bosco es el cristiano que vivió en un mundo difícil, donde el pecado se había hecho injusticia, explotación y corrupción; es el cristiano que sufrió en carne propia la orfandad, la pobreza y la impotencia ante los problemas que superaban su voluntad, es el hombre que lloraba al hablar de las almas que sufren en el infierno, pero que tampoco podía contener las lágrimas al pensar en los gozos que nos esperan en el cielo.

 

Profundamente hombre, fue también profundamente Santo. Hombre que ríe y hombre que llora, que ama y que es amado, que sufre y que consuela, que se ve agobiado y que aún así sabe dar esperanza pues su confianza estaba siempre puesta en la Divina Providencia. Es el hombre que al final de su vida terminó con su cuerpo destrozado por el trabajo que realizó pero que nunca borró de su rostro su bondadosa sonrisa.

 

Es el Santo que a lo largo de su vida realizó muchos milagros pero que postrado en cama ya en sus últimos días, escuchaba la voz de uno de sus hijos que le decía: “Don Bosco, repita: María Auxiliadora, ¡Sáname!” pero él contestaba: ¡Dios mío que se haga tu voluntad”.

 

Éste, éste es Don Bosco, el hombre que nos enseñó que ser Santos consiste en estar siempre alegres, que es fácil conseguirlo y nos recordó que Dios quiere que todos seamos Santos y que si lo logramos tendremos un gran premio reservado para nosotros en el cielo.

Don Bosco, Don Bosco, qué no daría por haberte conocido, pero me queda el consuelo de tu promesa,  “Los espero a todos en el paraíso”. ¡Que Viva Don Bosco, el aplauso es para él!